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Vigilancia de volcanes

Protección ante erupciones

La erupción volcánica puede prolongarse durante meses y los factores de peligro que posee son múltiples: coladas lávicas, flujos de piroclastos y caída de cenizas, lahares y avalanchas, gases, sismos volcánicos, tsunamis, anomalías térmicas, deformaciones del terreno, etc. Además, un volcán puede presentar fenómenos perceptibles por la población con mucha antelación (incluso durante años) al inicio de una erupción. A todo este periodo se le denomina crisis volcánica , siendo la erupción el final del proceso.

En términos generales, los peligros volcánicos de lavas, flujos piroclásticos, colapsos de ladera y lahares, conducen a la destrucción total de las infraestructuras que encuentran a su paso, de forma que, para salvar la vida de las personas, se debe proceder a la evacuación preventiva de la población de las probables zonas afectadas. Otros peligros volcánicos, como por ejemplo las cenizas, presentan una incidencia variable en función de la distancia al centro emisor y de otros parámetros como el viento.

Si se va a permanecer en una zona de peligro moderado deben seguirse las recomendaciones de las autoridades, y siempre con su autorización expresa . Será necesario adoptar algunas precauciones, por ejemplo el uso del casco, dado que el impacto en la cabeza de una pequeña bomba puede resultar mortal, la mascarilla, que evita inhalar las partículas de cenizas y los gases que contienen, máscaras autónomas antigás con filtros para gases ácidos y extremar las precauciones al circular por zonas cubiertas de materiales volcánicos recientes.

 

Pronóstico de erupciones

El objetivo del pronóstico es determinar con anticipación el lugar y momento del inicio de una erupción y sus características. Su finalidad es prevenir a la población y tomar con anticipación las medidas tendentes a reducir la pérdida de vidas y a mitigar los daños.

En la actualidad, el pronóstico de erupciones alcanza un alto nivel de fiabilidad siempre que se disponga de la instrumentación adecuada y del equipo científico necesario. Es imprescindible que la población conozca el medio natural (volcánico) en el que vive, tenga percepción del riesgo y asuma las medidas de autoprotección necesarias. Como ejemplo podemos citar la catástrofe ocurrida en el pueblo de Armero (Colombia) que fue arrasado por un lahar provocado por la erupción del volcán Nevado de Ruiz (1985): a pesar de que hubo vigilancia, mapas de riesgo, predicción y orden de evacuación, la población no respondió por desconocimiento de la magnitud real del fenómeno del que se le alertaba.

La prevención ante erupciones volcánicas

La prevención volcánica se define como el conjunto de medidas adoptadas con el objetivo de reducir el riesgo volcánico e implica actuar antes de que ocurra una erupción y durante el desarrollo de la misma. Cualquier medida de prevención exige un conocimiento previo de los procesos volcánicos y los peligros derivados, en función de las características particulares de cada área volcánica.

Nuestro país tiene un área de actividad volcánica importante, localizada en la Comunidad Autónoma de Canarias; el volcán Teide (Tenerife, Islas Canarias) fue seleccionado, junto a 15 volcanes de todo el Mundo, por Naciones Unidas como volcán laboratorio para el Programa de Riesgo Volcánico de la Década Internacional para la Mitigación de los Desastres Naturales (1990-2000). Este hecho nos indica que el Teide está considerado por la comunidad internacional como un volcán de alto riesgo. El archipiélago canario es de origen volcánico y las erupciones se han ido sucediendo durante más de 20 millones de años; esta actividad continúa en la actualidad y la última erupción ocurrida fue la del volcán Teneguía (Fuencaliente, La Palma) en octubre de 1971.

Cuando se vive en un área volcánica activa es necesario el desarrollo de medidas de prevención centradas en los siguientes ámbitos (Fig. 51):

•  Conocimiento de la actividad volcánica

•  Sistema permanente de vigilancia

•  Ordenación de usos y gestión del territorio

•  Planificación ante emergencias

•  Educación y divulgación


Figura 50 . La figura muestra el pronóstico de una explosión en el volcán Villarrica (Chile) a partir del inverso de la amplitud de la señal sísmica. El punto de corte de la extrapolación (1) de los tramos descendentes indica el momento del inicio de la erupción (2).

 

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Conocimiento de la actividad volcánica

El conocimiento de la actividad volcánica de la zona permite determinar las características de las erupciones futuras. Para ello, se estudian las erupciones ocurridas en el pasado desde una óptica multidisciplinar (geología, geofísica, geomorfología, historia, etc.) que nos proporcionan la base del conocimiento sobre el estado actual del volcán y su comportamiento futuro. Con esta información se elaboran los mapas de peligrosidad y riesgo, que incluyen diferentes parámetros y que tienen en cuenta la probabilidad de que ocurra un fenómeno y los daños que puede ocasionar.

Sistema permanente de vigilancia

El sistema de vigilancia será el adecuado a las características de la actividad volcánica presente en la zona, incorporando nuevos instrumentos y técnicas en función del incremento de la actividad y del riesgo. Debe determinar el nivel de actividad del volcán para permitir a las autoridades la gestión de la crisis e informar a la población a través de los diferentes niveles del semáforo.

 

 


Estación automática del ITER para la medida de la emisión difusa de gases en el Teide. Foto R. Ortiz

 

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Ordenación de usos y gestión del territorio

En función de la información proporcionada por lo mapas de peligro volcánico se planifica el uso y gestión del territorio, con el fin de mitigar el impacto que pueda provocar la erupción. Estos mapas de peligro deben ser elaborados con anterioridad a los Planes de Ordenación del Territorio para que realmente sean efectivos y adecuados a las características del medio natural en el que se desarrollan.

Planificación ante emergencias

Además de las medidas ya enumeradas, existe también una planificación de Protección Civil ante emergencias producidas por erupciones volcánicas basada en la legislación vigente. Esta planificación constituye una estrategia global de preparación ante catástrofes en las que se incluyen:

•  Redacción de planes de actuación

•  Organización de medios

•  Coordinación de emergencias

La planificación ante una emergencia por erupción volcánica se actualiza a partir de la información aportada por el sistema de vigilancia y los mapas de riesgo establecidos para la actividad que presenta el volcán (Fig. 50). Para la planificación de la emergencia es muy útil construir el árbol de evolución del volcán, donde se contemplan todas las posibilidades que pueden presentarse, con la probabilidad de que ocurran y sus interrelaciones. La implementación del semáforo del volcán es la mejor opción para la comunicación entre los distintos estamentos involucrados y la población.

Es norma habitual utilizar las escuelas como centros de acogida de evacuados por desastres naturales, sin embargo en el caso de las crisis volcánicas en las que se evacua durante un largo periodo o repetidamente, esta medida ha demostrado ser totalmente perjudicial al dejar sin escuelas a la población receptora, por lo que las comunidades deben prestar su colaboración para poner a disposición de la Protección Civil otros lugares de acogida que ocasionen menos problemas.

 


Figura 51 . La planificación de la emergencia volcánica implica la existencia de un sistema de vigilancia y un pronóstico sobre la evolución del volcán.

Según la norma general, en el Sistema de Protección Civil Español, salvo para el caso de emergencias nucleares y situaciones bélicas, la competencia de dirección y coordinación de las operaciones de emergencia corresponde inicialmente a la autoridad municipal y, cuando las características de la situación desbordan las posibilidades de ésta, a la autoridad de la Comunidad Autónoma correspondiente. El Ministro del Interior, cuando la emergencia reviste una especial extensión y gravedad, puede declarar la emergencia de interés nacional , pasando entonces la dirección y coordinación de las actuaciones a una autoridad estatal.


Señalización de puntos de reunión para la gestión de una posible evacuación. Volcán Popocatepétl, Mejico. Foto R. Ortiz

 

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Educación y divulgación

Es muy importante que la población, cuerpos de emergencia y seguridad y organismos locales reciban una información precisa sobre los fenómenos volcánicos y las medidas de prevención existentes: de poco sirve un plan de emergencia si este no se conoce y no es asumido por la población; muchos de los desastres ocurridos se han debido a la falta de conocimiento sobre los fenómenos que los han desencadenado o a la falta de fluidez de las comunicaciones (ver 3.1). La mitigación del riesgo empieza por la educación de la población (Fig. 52).


Figura 52 . 1 conocer el territorio donde se vive, 2 conocer el plan de emergencia, 3 preparar un plan de emergencia familiar

Los programas educativos dirigidos a cualquier grupo de edad, deben tener como objetivo principal que la población conozca su territorio, asimile sus peculiaridades físicas y los riesgo inherentes a él y desarrolle técnicas de autoprotección. Todo ello dentro de un marco en el que se mantengan ausentes los sensacionalismos y las situaciones de alarma injustificadas, pero en el que quede bien claro que una erupción puede llegar a ser catastrófica si no se gestiona adecuadamente y se toman las medidas necesarias para la protección de la población. Así mismo, es conveniente desterrar la idea de que el conocimiento del riesgo volcánico supone un impedimento al desarrollo económico de la región.

 


Alumnos trabajando el tema del volcanismo submarino y el origen de las islas. Programa educativo Canarias Tierra Viva. Foto A. Llinares.

 

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